26/06/2008
Exposición
FONAMAD 2008
(Ver las bases)
nuestros bosques
Este año FONAMAD quiere apostar por los bosques españoles.
La exposición anual este año pretende recoger las mejores
fotografías de sus socios que muestren los bosques españoles
en cualquiera de sus posibles estados: conservación, denuncia,
vida salvaje, o recursos naturales derivados del bosque.
Como siempre, las fotos seleccionadas serán votadas entre todos
los socios, y es por ello que queremos llamar la atención sobre
el cuidado que se debe tener a la hora de elegir las fotografías
que se van a presentar. La exposición debe ser original y educativa,
y las fotos irán acompañadas de un texto explicativo de
la fotografía. Queremos hacer una exposición fotográfica
de calidad que ayude a comprender la necesidad de conservar nuestros
bosques, mostrando los seres vivos que viven en el bosque, paisajes
espectaculares, amenazas y peligros de la conservación del bosque
y por supuesto la relación del bosque y el hombre como forma
de mantenimiento y su protección.
Según la definición dada en el diccionario, un bosque
es un “lugar rico en especies vegetales de distinto porte, aunque
la especie o especies dominantes en él son de porte arbóreo”.
En España, los terrenos forestales ocupan una extensión
de 25,6 millones de hectáreas, de las cuales sólo 11,2
están arboladas. De esto se deduce que deberíamos tener
más bosques. Hay una variedad de 80 especies de árboles,
lo cual nos sitúa en el segundo lugar de Europa en cuanto a superficie
forestal: el primero lo ocupa Suecia.
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Fotografiar
la importancia de los bosques |
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Con
la idea de que una exposición fotográfica sobre
nuestros bosques tiene que ser algo más que una bonita
colección de preciosos paisajes, queremos dar la inspiración
e ideas suficientes para que los socios de FONAMAD amplíen
sus horizontes fotográficos a la hora de afrontar el nuevo
reto de este año.
El bosque no solo son grandes árboles o densas masas forestales.
Y es muy frecuente olvidarnos de las plantas forestales, aparte
de los árboles. Así mismo organismos como las bacterias
y los hongos son tan importantes para el bosque como los mismos
árboles. De hecho, estos son los mayores bioindicadores
del estado de salud de los bosques.
También los materiales inorgánicos son de importancia
crucial para los organismos vivos. Las plantas verdes -desde los
árboles hasta los más delicados helechos- forman
la base de todos los ecosistemas forestales. Estas plantas requieren
aire, suelo, agua, y luz solar para crecer y así sostener
la frágil red de vida en un bosque.
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Otoño
en Ordesa © Javier I.Sanchís
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Rana
bermeja © Javier I. Sanchís |
Insectos, aves, mamíferos, reptiles y anfibios viven
en el bosque, y de una manera u otra son importantes también
para la supervivencia del bosque. La red de interacciones entre
los individuos y entre las especies es intrincada y compleja;
nada en un bosque es simple, y apenas estamos empezando a comprender
algunas partes de estos ecosistemas.
Los bosques son de los hábitats más diversificados
del planeta. Todas las especies, incluyendo los humanos, dependen
de todas las otras especies para su supervivencia. La extinción
de cualquier organismo –ya sea un mamífero, una
planta o incluso una bacteria- puede tener consecuencias impredecibles
y, a veces, desastrosas.
Los
bosques necesitan árboles de todas las edades para propósitos
diferentes, y un bosque saludable realmente incluye muchos árboles,
incluido los muertos. Cuando mueren, los árboles todavía
juegan un papel increíblemente importante en la vida
del bosque. Las larvas de los insectos se hospedan en estos
árboles muertos, haciendo túneles en la madera
esponjosa, lo que ayuda a almacenar agua en el piso forestal.
A los árboles muertos pero que están todavía
de pie pudiera llamársele "árboles de vida
silvestre". Ellos son colonizados por insectos, los pájaros
carpinteros crean agujeros y cavidades en la madera en su búsqueda
de insectos para comer; estos agujeros son lugares perfectos
para anidar muchas especies de aves, las cuales consumen muchos
insectos que serían perjudiciales para el bosque.
Eliminemos cualquiera de estos organismos, y todo el ecosistema
puede colapsar. Todo es esencial -los troncos muertos, las hormigas,
los pájaros carpinteros, las aves canoras, incluso las
plagas de orugas o insectos eventuales o temporales que alimentan
a otros animales.
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©
Fernando Sánchez |
©
Javier Abad |
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Los bosques y las personas están interconectados, y ha
sido así desde tiempos inmemorables. Siempre hemos tenido
una especial relación basada en la supervivencia. Era una
delicada cadena de existencia que antes tratábamos con
respeto y aprecio. Pero las personas empezaron a trastornar este
equilibrio. Empezaron a ver el bosque no como parte de ellos sino
como algo a ser conquistado. Usaron los bosques, que aparentaban
sin límites, cortando millones de árboles. Pero
ahora nos estamos dando cuenta que los bosques sí tienen
límites y que ya es tiempo de regresar al anterior equilibrio.
Todos los organismos vivientes dependen de los bosques. En un
viejo árbol del bosque pueden encontrarse hasta 1500 invertebrados
viviendo en él. Algunas de estas especies pueden ser claves
para el desciframiento de misterios científicos. Cada planta
y cada animal es único y muchos de estos animales dependen
enteramente de los bosques.
Todavía hay muchas cosas que desconocemos de los ecosistemas
forestales pero cada día hay nuevos descubrimientos. Cada
especie, animal o planta, tiene un material genético único
que ha estado evolucionando durante miles de años. La protección
de los bosques no significa únicamente salvar muchos árboles;
es preservar un proceso vital que se inició hace millones
de años. Los viejos bosques aportan un mejor conocimiento
de como funcionan los bosques.
Los bosques protegen nuestras aguas y gestionan nuestro clima.
Cuando llueve en el bosque, las hojas permiten que el agua gotee
lentamente sobre el suelo; si se corta el bosque, la lluvia cae
fuertemente sobre el suelo desprotegido y sus partículas
son arrastradas hacia las corrientes, ensuciando sus aguas. Esto
no es bueno para los peces, y puede provocar inundaciones. Además,
sin árboles, el agua se evapora rápidamente, cambiando
el clima de los bosques próximos. Este proceso impide que
los árboles reciban el agua que necesitan.
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Jabalí
© Miguel Ángel Fernández |
©
Fernando Sánchez |
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Los bosques naturales aportan, como tales, a la economía;
millones son gastados en actividades recreativas en los bosques.
La gente disfruta y aprecia el aire fresco, agua clara, paisajes
hermosos y la vida silvestre. Así que los lugares que presentan
esas características son puntos turísticos ideales.
Sin
los bosques, tendríamos mucho menos oxígeno disponible:
más de 2000 Kg. por hectárea por año. Esto
es debido a que los árboles (y todas las plantas verdes)
usan la fotosíntesis, durante el cual toman dióxido
de carbono y, como un sub-producto, liberan oxígeno. Las
plantas "respiran" dióxido, como nosotros respiramos
oxígeno. Ha habido un equilibrio entre especies que eliminan
dióxido de carbono y toman oxígeno, y especies que
toman dióxido de carbono y exhalan oxígeno. Este
equilibrio ha estado siendo trastornado desde el siglo 19. Los
combustibles fósiles, como el petróleo, producen
dióxido de carbono cuando son quemados por lo que el nivel
del dióxido ha estado aumentando dramáticamente
desde entonces. Desgraciadamente, este gas, en grandes cantidades,
actúa como un aislante y mantiene el calor cerca de la
superficie de la Tierra; esto es lo que se llama el "efecto
invernadero".
Aparte
de los diferentes aspectos importantes de los bosques vírgenes,
algunas especies individuales, como el árbol de tejo (Taxus
brevifolia), han demostrado tener una gran importancia en el campo
médico. La corteza del tejo provee taxol, un agente cancerígeno,
usado en el tratamiento de cáncer de los ovarios, pulmones
y mamario. Esta propiedad del árbol de tejo fue descubierta
en años recientes y, si los bosques donde se encuentran
los árboles de tejo desaparecen, quizás otros tratamientos
pudieran perderse. |
Tipos
de Bosque
Podemos hablar de cuatro tipos diferentes de bosques existentes en nuestro
país:
| 1.
BOSQUE MEDITERRÁNEO
Este
tipo de bosque es una formación típica de la región
mediterránea, si bien no es la única existente en
esta zona ya que se alterna con bosques caducifolios y aciculfolios.
Es de hoja perenne, con hojas pequeñas, duras y con una
gruesa cutícula, característica que le permite evitar
un gasto excesivo de agua, condición indispensable para
soportar la sequía que se produce en verano en el clima
mediterráneo. El hecho de que las hojas sean perennes es
posible gracias a la suavidad de los inviernos. Estas cualidades
permiten reducir la evapotranspiración, provocando un crecimiento
más lento que el de otro tipo de bosques. La madera de
sus árboles es dura, pesada y difícil de trabajar,
con un valor económico escaso, lo que ha llevado a repoblar
esos espacios con coníferas o eucaliptos en vez de recuperar
la vegetación autóctona.
El bosque mediterráneo es de escasa altura (de 10 a 15
metros) pero muy denso debido a la presencia de abundante matorral
y, por debajo de éste, de un estrato herbáceo. Las
especies arbóreas dominantes son la encina y el alcornoque,
ubicado en zonas más húmedas y siempre silíceas.
Junto a estas especies aparece una amplia gama de arbustos, subarbustos
y lianas que forman el sotobosque, en el que destacan el lentisco,
el algarrobo, la esparraguera blanca, el acebuche, la zarzaparrilla,
la rubia, el madroño –símbolo de la Comunidad
de Madrid–, el durillo, la cornicabra y el labiérnago.
Se distinguen tres tipos de bosques mediterráneos:
- El encinar húmedo, representado en Cataluña,
Baleares –donde se le conoce como alzinar– y algunos
sectores de la costa cantábrica.
- El encinar carrascal, que se extiende por toda
la península a causa de su resistencia a los cambios bruscos
de temperatura y a la sequía.
- Los alcornocales, distribuidos por el Mediterráneo
occidental, en su mayor parte en bosque mixto con encinas. Éste
último resiste poco el frío y requiere medias anuales
superiores a los 14º centígrados, por lo que se limita
al piso supramediterráneo y a las áreas cálidas
y templadas de la península.
El bosque mediterráneo suele ir acompañado de una
amplia variedad de plantas leñosas y herbáceas.
Además, estos tres tipos de bosque se desarrollan en Castellón,
cuenca del Duero, algunas zonas de la Cordillera Cantábrica
y Galicia. Su corteza es destinada a la obtención de corcho,
sobre todo en Cataluña, Andalucía y Extremadura.
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Herrerillo
común © Miguel Ángel Fernández |
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2. BOSQUE CADUCIFOLIO
Se caracteriza por la pérdida anual y simultánea
de todas las hojas en otoño, y una concentración
de las estaciones cálidas (5 o 6 meses) de las actividades
vitales. Sus hojas amplias y delgadas carecen de protección
contra el frío y necesitan abundante humedad. Alcanza mayor
altura (de 15 a 30 metros) y posee un estrato más denso
de arbustos que el bosque mediterráneo. La ausencia de
luminosidad en el interior del bosque ha obligado a las plantas
del sotobosque a adaptarse a esta circunstancia para llevar a
cabo la fotosíntesis. Las más destacadas en este
sentido son los arlos, majuelos, rosales silvestres, zarzamoras
y boj.
Los tipos de bosque caducifolio principales son los hayedos y
robledales. Las hayas requieren una elevada humedad y temperaturas
no demasiado altas. Se encuentran en zonas montañosas,
concretamente en la franja que se extiende desde los Pirineos
hasta la Cordillera Cantábrica, con presencia también
en el macizo de Montseny (Cataluña) y en algunos sectores
del Sistema Ibérico y Central.
Los robledales, por su parte, están formados por roble
carballo, roble albar y roble pubescente. El primero de ellos
ocupa en Europa el área más extensa gracias a su
resistencia al frío invernal, aunque necesita más
calor en verano que la haya. Abunda en la franja costera Cantábrica,
Galicia y, en menor medida, en el noroeste de Cataluña,
alcanzando una altura de 1000 m. Destacan los bosques mixtos de
carballo y fresno en Lérida, Gerona y en la zona cantábrica
caliza. El roble pubescente requiere mayores exigencias de agua
y suelos calizos, localizado entre Navarra y Cataluña entre
los 600 y 1500 m de altura. Otros bosques caducifolios son el
rebollar o melojar, presente en todas las grandes cadenas montañosas;
los quejigales, de marcado carácter mediterráneo
y característicos de toda la Península, excepto
en Galicia y Baleares; los abedulares, y el bosque de las riberas
de los ríos, relativamente independiente de las grandes
zonas climáticas y compuestos por saucedas, alisedas, choperas,
fresnedas y olmedas.
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©
Fernando Sánchez |
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3. BOSQUE DE CONÍFERAS
Se localiza entre los de frondosas de la media montaña
y los pastizales de alta montaña. Las coníferas
españolas se distribuyen en tres familias y cinco géneros,
además de otras introducidas para el aprovechamiento maderero,
la más destacable el pino insigne, muy extendido en el
País Vasco. La familia más importante es la de las
pináceas, que incluye pinos y abetos. Las otras dos son
las cupresáceas, formadas por enebros, sabinas y araar,
y las taxáceas representadas por el tejo.
En España existen dos clases de abetos, el abeto común
o pinabete, muy resistente al frío y del que sólo
hay muestras en el Pirineo, y el pinsapo, en el suroeste de la
Península. Entre los pinos hay seis especies autóctonas:
el pino negro, pino silvestre o albar, el pino laricio o salgareño,
el pino negral, rodeno o resinero, el pino piñonero y el
pino carrasco. El primero, es el más resistente a las bajas
temperaturas y puede encontrarse en el Pirineo. El albar ocupa
los valles secos pirenaicos y el piso subalpino en las cordilleras
Béticas y en los sistemas Ibérico y Central. Los
pinos restantes no forman bosques de carácter climático,
aunque el piñonero y el carrasco son los que mejor aguantan
la sequía. El pino negral del Atlántico se ha extendido
por Galicia y Asturias a costa de los robledales. Otros bosques
de coníferas son los de sabina albar, localizado en territorios
con clima muy seco y con fuertes heladas, como sucede en el sur
de Teruel; sabina mora de las dunas, el enebro de las dunas, estos
dos importantes en los arenales de Doñana y algunos puntos
de Cádiz, Almería y las Baleares, y de araar en
la Sierra de Cartagena, única especie norteafricana.
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Pinsapar
en la Sierra de Grazalema © Daniel Burón |
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4. BOSQUE CANARIO
Las islas Canarias tienen un bosque mezcla de elementos mediterráneos,
atlánticos y tropicales. Formado fundamentalmente por plantas
xerófilas con un 40% de especies mediterráneas y
un 33% de especies endémicas, en los que cabe citar, exclusivos
del lugar, el pino canario, el cardón y la tabaiba dulce.
El monteverde o laurisilva, por su originalidad y variedad de
especies, es el más característico bosque canario,
situado en zonas húmedas del piso montano. Sus especies
más características son el laurel, el viñátigo,
el tilo, el aceviño y el barbusano, todas de hojas perenne
entremezcladas. El pinar, bosque de más amplia representación
en todas las islas menos en Lanzarote, se encuentra situado en
la vertiente sur hasta los 2000 metros de altura.
Los bosques de lauráceas de las zonas de nieblas del Teide
se alternan con los bosques de pinos de reciente incorporación
y la vegetación xerófila acentuada en las áreas
bajas, cuyo suelo no suele estar en muy buenas condiciones. Las
cumbres de La Palma tienen bosques de cedro que alternan con pino
canario.
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Pinzón
Azul © Javier I. Sanchís |
Estado de conservación
de los bosques españoles
Según un estudio realizado, el estado de conservación
de los bosques españoles puede considerarse globalmente bajo.
De hecho, sólo los hayedos y abetales superan el 50% de su superficie
con un estado de conservación alto. En general, los bosques canarios
se hallan en mejor situación que los peninsulares, acercándose
la superficie de pinares de pino canario y de laurisilva en buen estado
de conservación a un 35%.
Los hayedos son bosques de distribución típicamente europea,
limitándose en la Península prácticamente a la
zona norte, donde el clima es más húmedo y por tanto más
favorable a su desarrollo. No obstante, pueden encontrarse hayedos en
determinados puntos del interior, hasta el Sistema Central (Sierra de
Ayllón) y el puerto de Beceite (Castellón), donde se localizan
los hayedos ibéricos más meridionales. Algo más
del 50% de los hayedos españoles se han considerado en la cartografía
con un estado de conservación bueno.
En España encontramos abetales (Abies alba) sólo en los
Pirineos, donde quedaron resguardados durante las épocas de grandes
cambios climáticos. El estado de estas formaciones de coníferas
ha resultado ser excepcionalmente bueno, pues más del 70% de
su superficie ha quedado registrado en los mapas con un buen estado
de conservación.
Los pinares canarios alcanzan una extensión de 65.000 hectáreas
en Gran Canaria y las islas occidentales, exceptuando La Gomera. El
36% de estas formaciones se halla en buen estado de conservación.
La laurisilva es un bosque subtropical endémico, de composición
extraordinariamente variada. Actualmente, sólo Tenerife, La Gomera
y La Palma conservan enclaves de laurisilva en buen estado, estando
prácticamente extinguida en Gran Canaria y El Hierro. Su estado
de conservación es alto en el 35% de su territorio.
Atendiendo a los datos cartográficos, los bosques peor conservados
en España son los pinares de pino negral, los sabinares albares,
los encinares, los castañares y los robledales pubescentes.
Dehesa
en Sevilla © Daniel Burón
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Castañar
en Aracena © Daniel Burón
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Los pinares de pino negral ocupan 12.300 km2, repartidos por todo el
territorio peninsular, principalmente en las montañas del interior.
Son los bosques más extensos del país después de
los encinares y pinares de pino carrasco; sin embargo, su estado de
conservación sólo es bueno en poco más de un 7%
de su superficie.
Los sabinares albares son formaciones abiertas que cubren páramos
u otras zonas muy desfavorables para la instalación de otros
bosques. Este tipo de formación es exclusivo de la Península
y del norte de África, con excepciones muy localizadas en los
Alpes, Córcega y el Pirineo francés. En España
se localizan en zonas del interior, principalmente en su cuadrante nordeste.
Menos del 7% de su territorio está bien conservado.
Los encinares son, sin duda alguna, los bosques más representativos
de nuestro país, ya que constituyen casi el 40% de la superficie
total de los bosques españoles. La encina es una especie de considerable
amplitud ecológica, con gran capacidad de adaptación.
Grandes extensiones de lo que hoy son cultivos cerealistas en la Meseta
fueron originariamente encinares. A pesar de la importancia que estos
bosques han tenido histórica y culturalmente, menos del 5% de
sus masas forestales pueden considerarse con un estado de conservación
alto.
Aunque los castaños se consideraron introducidos en nuestro país
por los romanos, en la actualidad se tienen datos que permiten desestimar
esta hipótesis, si bien es cierto que durante los años
de ocupación romana se favoreció su extensión,
dado su valor alimenticio. Los castañares (Castanea sativa) ocupan
hoy algo más de 200.000 hectáreas en las montañas
del norte y del oeste. Su estado de conservación es llamativamente
bajo, al igual que el de los robledales pubescentes (Quercus humilis=Q.
pubescens), bosques comunes en los países del norte del Mediterráneo,
que quedan limitados en España a las áreas pirenaicas.
La protección de los bosques
Sólo
uno de cada quince bosques europeos está adecuadamente
protegido, mientras en España el 10 por ciento de su superficie
forestal está amparada por distintas figuras de conservación,
según un informe de WWF/Adena presentado en Bruselas. Este
documento ofrece una completa visión sobre el estado de
protección de los ecosistemas boscosos de Europa, donde
se subraya que pese a que aún mantienen una increíble
riqueza biológica "sólo uno de cada quince
está bien protegido". El resto son áreas muy
pequeñas, poco protegidas y no son representativas de la
diversidad del continente: casi el 100 por cien de los bosques
protegidos tienen menos de diez kilómetros cuadrados.
La mayor parte de los ecosistemas boscosos más grandes
que cuentan con figuras legales de conservación están
en Rusia (39 de 50); Suecia, Noruega y Finlandia (6), mientras
el sur de Europa sólo tiene cuatro. Sus amenazas principales
son las talas ilegales, los incendios forestales, el turismo masivo
y el furtivismo de fauna que allí habita. Según
esta organización, los bosques protegidos se han seleccionado
por conveniencias administrativas y no por razones "ecológicas
de peso".
Asimismo se calcula que sólo entre el 2 y 3 por ciento
de las áreas forestales de Europa occidental y entre el
5 y 10 por ciento en Rusia son bosques relativamente intactos,
lo que supone alrededor de quince o veinte millones de hectáreas
de bosques prístinos, de los que cerca de la mitad no tienen
protección. Numerosas especies forestales de mamíferos
(entre el 20 y 50%) y aves (15-40%) están amenazados, incluido
el oso pardo, el lince, el lobo, el urogallo o el pájaro
carpintero.
España ha alcanzado el 10 por ciento de superficie forestal
protegida, pero existe un claro desequilibrio en relación
a los tipos de bosques. "Mientras que de los pinsapos y quejigos
andaluces está protegida más del 90 por ciento de
su superficie, nuestros melojares, quejigares, sabinares y pinares
mediterráneos tienen sólo un 5 por ciento de superficie
protegida.
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Pico
picapinos © Javier Sanchís |
Cada
verano, nuestros bosques sufren el azote del fuego, que llega
a quemar miles de hectáreas. Muchos de estos fuegos son
provocados por la mano del hombre, ya sea de manera involuntaria,
otras muchas veces por pirómanos.
Queremos
recordar aquí nuestra campaña "Cenizas
para un desierto" presentada en el año
2005 y con la que quisimos concienciar sobre este peligro, la
cual contó con la colaboración de fotógrafos
de toda España.
Queremos
que el bosque se conserve, y quisimos concienciar con imágenes
de los bosques en todo su esplendor, en lugar de imágenes
de zonas quemadas.
Puedes visitar la página web de la campaña, pulsando
en la fotografía de la derecha.
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Los bosques, propiedad particular
Más de la mitad de la superficie total de España está
ocupada por los bosques, de los que las dos terceras pertenecen a propietarios
particulares, una superficie forestal que genera más de 3.000
millones de euros de beneficios en producción de madera y corcho
y rendimiento turístico y deportivo.
Según los datos aportados por la Asociación Nacional de
Empresas Forestales (ASEMFO), España tiene 26 millones de hectáreas
de terrenos forestales, lo que supone un 51,4 por ciento de su superficie
total. La propiedad de los bosques se reparte entre los particulares,
que están en manos del 64,74 por ciento de la foresta, a otras
entidades públicas les corresponde el 28,33 por ciento y al Estado
y comunidades autónomas el 5 por ciento restante.
Los 8 mejores bosques españoles
Diez conocidos expertos en la materia hace unos meses hicieron pública
la lista de los ocho mejores bosques de España. Los consultados,
considerados por su conocimiento y responsabilidades entre los mejores
del medio, ya advierten, de entrada, que no es algo fácil porque
con más de 50 tipos de bosques de una especie arbórea
dominante, a los que deben añadirse las variedades de cada uno
de ellos (que en su conjunto posiblemente sumen más del doble)
y la infinita variedad de bosques mixtos (formados por diferentes especies
vegetales) es difícil elegir cuáles son los mejores.
La lista que han elaborado y los votos que decidieron dar a cada uno
de los bosques es ésta:
1.
Laurisilva canaria 6 votos.
2. Bosque mediterráneo de Los Alcornocales (Cádiz)
5 votos.
3. Bosque atlántico de la Reserva Natural de Muniellos
(Asturias) 3 votos.
4. Pinsapares de las sierras de Grazalema y Las Nieves (Cádiz
/Málaga) 3 votos.
5. Monte mediterráneo de El Pardo (Madrid) 2
votos.
6. Pinares de pino silvestre de Valsaín (Segovia)
2 votos.
7. Hayedo de Irati (Navarra) 2 votos.
8. Tejedas del Sueve (Asturias) 2 votos.
Es imposible conocer cuántos bosques tenemos. La realidad es
que desde la Edad Media, época en que las tareas agrícolas
y las demandas madereras para la Armada española pusieron cerco
a los míticos bosques ibéricos, nuestro territorio se
muestra feroz en estos ecosistemas. Y aquí no debe olvidarse
la boscosidad insular, sobre todo la canaria, que alberga el tesoro
de la laurisilva.
Araña
© Fernando Sánchez |
Culebra
lisa en la Sierra de Cazorla © Andrés López |
El caso es que desde los robledales y hayedos atlánticos, con
sus estabuladas variedades geográficas y tipológicas,
hasta los abetales y pinsapares mediterráneos de singular caracterización
ecológica, y desde los austeros sabinares y enebrales castellanos
hasta la herencia terciaria de la mencionada laurisilva, tenemos muchas
variedades de bosques. De hecho, desde hace poco tenemos un nuevo tipo
de bosque. Un grupo de botánicos españoles comandado por
el catedrático madrileño Salvador Rivas Martínez
ha descubierto un nuevo ecosistema boscoso. Después de 20 años
de concienzudos estudios, han concluido que lo que se creía un
híbrido de dos especies (roble albar y común o carballo)
en realidad es una nueva especie de árbol: el roble orocantábrico,
sufrido vegetal que se agrupa en las montañas del norte de la
Península en altitudes casi siempre superiores a los 1.800 metros.
1. LAURISILVA CANARIA, LA GOMERA
Situado en el interior de la isla de La Gomera, es el bosque de laurisilva
más importante que existe. Se trata de una reliquia viviente
de los bosques que en el Terciario, hace 65 millones de años,
cubrían la Tierra. Sus 3.984 hectáreas (10 por ciento
de la isla) constituyen el Parque Nacional de Garajonay, declarado Patrimonio
de la Humanidad por la UNESCO.
2.
BOSQUE MEDITERRÁNEO DE LOS ALCORNOCALES, CÁDIZ
El bosque mediterráneo más extenso y mejor conservado.
Enclavado al este de la provincia de Cádiz y al oeste de Málaga,
en el extremo occidental de la cordillera Bética. Sus 170.025
hectáreas, que se extienden por 16 municipios, han sido declaradas
Parque Natural.
3.
BOSQUE ATLÁNTICO DE MUNIELLOS, ASTURIAS
Pequeño reducto de naturaleza planocaducifolia situado
en el suroeste de Asturias, con una extensión de 59,7 km2. Variada
comunidad arbórea con robles, hayas, abedules, arces, fresnos,
acebos, serbales, alisos y tejos. Reserva Natural Integral y de la Biosfera,
sólo se permite el acceso de 20 personas diarias a su interior.
4.
PINSAPARES DE LAS SIERRAS DE GRAZALEMA Y LAS NIEVES, CÁDIZ/MÁLAGA
Estos pequeños bosques de montaña constituyen las masas
forestales más importantes de su género en el mundo. Aparte
de en la subbética, sólo hay bosques de pinsapos de esta
categoría en la cordillera de Yebala, en Marruecos. Están
catalogados como Reservas de la Biosfera.
5.
MONTE MEDITERRÁNEO DE EL PARDO, MADRID
A
siete kilómetros de la capital, una tapia de piedra preserva
un bosque cuya importancia la subraya la presencia del águila
imperial y el buitre negro, dos de las aves más amenazadas del
planeta. Junto a ellos, 125 especies de aves, 35 de mamíferos,
19 de reptiles y 13 de anfibios son la envidia de cualquier ciudad europea.
6.
PINARES SILVESTRES DE VALSAÍN, SEGOVIA
El pino silvestre, también llamado de Valsaín por encontrarse
aquí su masa mejor conservada de España, es el emperador
de los pinos por su porte, por la trascendencia del ecosistema que alberga
y por su importancia económica. La densidad maderera de este
bosque alcanza los 250 ejemplares por hectárea.
7. HAYEDO DE IRATI, NAVARRA
Es el hayedo más importante de Europa occidental. Situado
entre Francia y Navarra, tras el haya, el abeto es la especie forestal
predominante. Con una extensión de 17.000 hectáreas, tiene
partes que se conservan sin ninguna alteración, aunque sólo
están protegidas legalmente alrededor de 200.
8.
TEJEDAS DEL SUEVE, ASTURIAS
Conserva alguna de las tejedas más antiguas del continente. A
pesar de ello, sufre un grado máximo de amenaza, hasta el punto
de que se ha puesto en marcha un programa para proteger este santuario
natural de 80 hectáreas donde aún perviven unos 8.000
tejos, muchos, gigantes milenarios.
Esperamos
que esta introducción te haya ayudado a conocer más nuestros
bosques, y a inspirarte para obtener una fotografía que pueda
formar parte de esta Exposición FONAMAD 2008 :
nuestros bosques.
Si
eres socio de FONAMAD, infórmate de como puedes participar en
la
EXPOSICION FONAMAD 2008
leyendo las
BASES
DE LA EXPOSICIÓN
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