26/06/2008

Exposición FONAMAD 2008 (Ver las bases)
nuestros bosques

Este año FONAMAD quiere apostar por los bosques españoles. La exposición anual este año pretende recoger las mejores fotografías de sus socios que muestren los bosques españoles en cualquiera de sus posibles estados: conservación, denuncia, vida salvaje, o recursos naturales derivados del bosque.

Como siempre, las fotos seleccionadas serán votadas entre todos los socios, y es por ello que queremos llamar la atención sobre el cuidado que se debe tener a la hora de elegir las fotografías que se van a presentar. La exposición debe ser original y educativa, y las fotos irán acompañadas de un texto explicativo de la fotografía. Queremos hacer una exposición fotográfica de calidad que ayude a comprender la necesidad de conservar nuestros bosques, mostrando los seres vivos que viven en el bosque, paisajes espectaculares, amenazas y peligros de la conservación del bosque y por supuesto la relación del bosque y el hombre como forma de mantenimiento y su protección.

Según la definición dada en el diccionario, un bosque es un “lugar rico en especies vegetales de distinto porte, aunque la especie o especies dominantes en él son de porte arbóreo”. En España, los terrenos forestales ocupan una extensión de 25,6 millones de hectáreas, de las cuales sólo 11,2 están arboladas. De esto se deduce que deberíamos tener más bosques. Hay una variedad de 80 especies de árboles, lo cual nos sitúa en el segundo lugar de Europa en cuanto a superficie forestal: el primero lo ocupa Suecia.

Fotografiar la importancia de los bosques

Con la idea de que una exposición fotográfica sobre nuestros bosques tiene que ser algo más que una bonita colección de preciosos paisajes, queremos dar la inspiración e ideas suficientes para que los socios de FONAMAD amplíen sus horizontes fotográficos a la hora de afrontar el nuevo reto de este año.

El bosque no solo son grandes árboles o densas masas forestales. Y es muy frecuente olvidarnos de las plantas forestales, aparte de los árboles. Así mismo organismos como las bacterias y los hongos son tan importantes para el bosque como los mismos árboles. De hecho, estos son los mayores bioindicadores del estado de salud de los bosques.

También los materiales inorgánicos son de importancia crucial para los organismos vivos. Las plantas verdes -desde los árboles hasta los más delicados helechos- forman la base de todos los ecosistemas forestales. Estas plantas requieren aire, suelo, agua, y luz solar para crecer y así sostener la frágil red de vida en un bosque.


Otoño en Ordesa © Javier I.Sanchís


Rana bermeja © Javier I. Sanchís


Insectos, aves, mamíferos, reptiles y anfibios viven en el bosque, y de una manera u otra son importantes también para la supervivencia del bosque. La red de interacciones entre los individuos y entre las especies es intrincada y compleja; nada en un bosque es simple, y apenas estamos empezando a comprender algunas partes de estos ecosistemas.

Los bosques son de los hábitats más diversificados del planeta. Todas las especies, incluyendo los humanos, dependen de todas las otras especies para su supervivencia. La extinción de cualquier organismo –ya sea un mamífero, una planta o incluso una bacteria- puede tener consecuencias impredecibles y, a veces, desastrosas.

Los bosques necesitan árboles de todas las edades para propósitos diferentes, y un bosque saludable realmente incluye muchos árboles, incluido los muertos. Cuando mueren, los árboles todavía juegan un papel increíblemente importante en la vida del bosque. Las larvas de los insectos se hospedan en estos árboles muertos, haciendo túneles en la madera esponjosa, lo que ayuda a almacenar agua en el piso forestal.

A los árboles muertos pero que están todavía de pie pudiera llamársele "árboles de vida silvestre". Ellos son colonizados por insectos, los pájaros carpinteros crean agujeros y cavidades en la madera en su búsqueda de insectos para comer; estos agujeros son lugares perfectos para anidar muchas especies de aves, las cuales consumen muchos insectos que serían perjudiciales para el bosque.

Eliminemos cualquiera de estos organismos, y todo el ecosistema puede colapsar. Todo es esencial -los troncos muertos, las hormigas, los pájaros carpinteros, las aves canoras, incluso las plagas de orugas o insectos eventuales o temporales que alimentan a otros animales.


© Fernando Sánchez

© Javier Abad

Los bosques y las personas están interconectados, y ha sido así desde tiempos inmemorables. Siempre hemos tenido una especial relación basada en la supervivencia. Era una delicada cadena de existencia que antes tratábamos con respeto y aprecio. Pero las personas empezaron a trastornar este equilibrio. Empezaron a ver el bosque no como parte de ellos sino como algo a ser conquistado. Usaron los bosques, que aparentaban sin límites, cortando millones de árboles. Pero ahora nos estamos dando cuenta que los bosques sí tienen límites y que ya es tiempo de regresar al anterior equilibrio.

Todos los organismos vivientes dependen de los bosques. En un viejo árbol del bosque pueden encontrarse hasta 1500 invertebrados viviendo en él. Algunas de estas especies pueden ser claves para el desciframiento de misterios científicos. Cada planta y cada animal es único y muchos de estos animales dependen enteramente de los bosques.

Todavía hay muchas cosas que desconocemos de los ecosistemas forestales pero cada día hay nuevos descubrimientos. Cada especie, animal o planta, tiene un material genético único que ha estado evolucionando durante miles de años. La protección de los bosques no significa únicamente salvar muchos árboles; es preservar un proceso vital que se inició hace millones de años. Los viejos bosques aportan un mejor conocimiento de como funcionan los bosques.

Los bosques protegen nuestras aguas y gestionan nuestro clima. Cuando llueve en el bosque, las hojas permiten que el agua gotee lentamente sobre el suelo; si se corta el bosque, la lluvia cae fuertemente sobre el suelo desprotegido y sus partículas son arrastradas hacia las corrientes, ensuciando sus aguas. Esto no es bueno para los peces, y puede provocar inundaciones. Además, sin árboles, el agua se evapora rápidamente, cambiando el clima de los bosques próximos. Este proceso impide que los árboles reciban el agua que necesitan.


Jabalí © Miguel Ángel Fernández

© Fernando Sánchez


Los bosques naturales aportan, como tales, a la economía; millones son gastados en actividades recreativas en los bosques. La gente disfruta y aprecia el aire fresco, agua clara, paisajes hermosos y la vida silvestre. Así que los lugares que presentan esas características son puntos turísticos ideales.

Sin los bosques, tendríamos mucho menos oxígeno disponible: más de 2000 Kg. por hectárea por año. Esto es debido a que los árboles (y todas las plantas verdes) usan la fotosíntesis, durante el cual toman dióxido de carbono y, como un sub-producto, liberan oxígeno. Las plantas "respiran" dióxido, como nosotros respiramos oxígeno. Ha habido un equilibrio entre especies que eliminan dióxido de carbono y toman oxígeno, y especies que toman dióxido de carbono y exhalan oxígeno. Este equilibrio ha estado siendo trastornado desde el siglo 19. Los combustibles fósiles, como el petróleo, producen dióxido de carbono cuando son quemados por lo que el nivel del dióxido ha estado aumentando dramáticamente desde entonces. Desgraciadamente, este gas, en grandes cantidades, actúa como un aislante y mantiene el calor cerca de la superficie de la Tierra; esto es lo que se llama el "efecto invernadero".

Aparte de los diferentes aspectos importantes de los bosques vírgenes, algunas especies individuales, como el árbol de tejo (Taxus brevifolia), han demostrado tener una gran importancia en el campo médico. La corteza del tejo provee taxol, un agente cancerígeno, usado en el tratamiento de cáncer de los ovarios, pulmones y mamario. Esta propiedad del árbol de tejo fue descubierta en años recientes y, si los bosques donde se encuentran los árboles de tejo desaparecen, quizás otros tratamientos pudieran perderse.

Tipos de Bosque

Podemos hablar de cuatro tipos diferentes de bosques existentes en nuestro país:

1. BOSQUE MEDITERRÁNEO

Este tipo de bosque es una formación típica de la región mediterránea, si bien no es la única existente en esta zona ya que se alterna con bosques caducifolios y aciculfolios. Es de hoja perenne, con hojas pequeñas, duras y con una gruesa cutícula, característica que le permite evitar un gasto excesivo de agua, condición indispensable para soportar la sequía que se produce en verano en el clima mediterráneo. El hecho de que las hojas sean perennes es posible gracias a la suavidad de los inviernos. Estas cualidades permiten reducir la evapotranspiración, provocando un crecimiento más lento que el de otro tipo de bosques. La madera de sus árboles es dura, pesada y difícil de trabajar, con un valor económico escaso, lo que ha llevado a repoblar esos espacios con coníferas o eucaliptos en vez de recuperar la vegetación autóctona.

El bosque mediterráneo es de escasa altura (de 10 a 15 metros) pero muy denso debido a la presencia de abundante matorral y, por debajo de éste, de un estrato herbáceo. Las especies arbóreas dominantes son la encina y el alcornoque, ubicado en zonas más húmedas y siempre silíceas. Junto a estas especies aparece una amplia gama de arbustos, subarbustos y lianas que forman el sotobosque, en el que destacan el lentisco, el algarrobo, la esparraguera blanca, el acebuche, la zarzaparrilla, la rubia, el madroño –símbolo de la Comunidad de Madrid–, el durillo, la cornicabra y el labiérnago.

Se distinguen tres tipos de bosques mediterráneos:

- El encinar húmedo, representado en Cataluña, Baleares –donde se le conoce como alzinar– y algunos sectores de la costa cantábrica.
- El encinar carrascal, que se extiende por toda la península a causa de su resistencia a los cambios bruscos de temperatura y a la sequía.
- Los alcornocales, distribuidos por el Mediterráneo occidental, en su mayor parte en bosque mixto con encinas. Éste último resiste poco el frío y requiere medias anuales superiores a los 14º centígrados, por lo que se limita al piso supramediterráneo y a las áreas cálidas y templadas de la península.

El bosque mediterráneo suele ir acompañado de una amplia variedad de plantas leñosas y herbáceas. Además, estos tres tipos de bosque se desarrollan en Castellón, cuenca del Duero, algunas zonas de la Cordillera Cantábrica y Galicia. Su corteza es destinada a la obtención de corcho, sobre todo en Cataluña, Andalucía y Extremadura.


Herrerillo común © Miguel Ángel Fernández

2. BOSQUE CADUCIFOLIO


Se caracteriza por la pérdida anual y simultánea de todas las hojas en otoño, y una concentración de las estaciones cálidas (5 o 6 meses) de las actividades vitales. Sus hojas amplias y delgadas carecen de protección contra el frío y necesitan abundante humedad. Alcanza mayor altura (de 15 a 30 metros) y posee un estrato más denso de arbustos que el bosque mediterráneo. La ausencia de luminosidad en el interior del bosque ha obligado a las plantas del sotobosque a adaptarse a esta circunstancia para llevar a cabo la fotosíntesis. Las más destacadas en este sentido son los arlos, majuelos, rosales silvestres, zarzamoras y boj.

Los tipos de bosque caducifolio principales son los hayedos y robledales. Las hayas requieren una elevada humedad y temperaturas no demasiado altas. Se encuentran en zonas montañosas, concretamente en la franja que se extiende desde los Pirineos hasta la Cordillera Cantábrica, con presencia también en el macizo de Montseny (Cataluña) y en algunos sectores del Sistema Ibérico y Central.

Los robledales, por su parte, están formados por roble carballo, roble albar y roble pubescente. El primero de ellos ocupa en Europa el área más extensa gracias a su resistencia al frío invernal, aunque necesita más calor en verano que la haya. Abunda en la franja costera Cantábrica, Galicia y, en menor medida, en el noroeste de Cataluña, alcanzando una altura de 1000 m. Destacan los bosques mixtos de carballo y fresno en Lérida, Gerona y en la zona cantábrica caliza. El roble pubescente requiere mayores exigencias de agua y suelos calizos, localizado entre Navarra y Cataluña entre los 600 y 1500 m de altura. Otros bosques caducifolios son el rebollar o melojar, presente en todas las grandes cadenas montañosas; los quejigales, de marcado carácter mediterráneo y característicos de toda la Península, excepto en Galicia y Baleares; los abedulares, y el bosque de las riberas de los ríos, relativamente independiente de las grandes zonas climáticas y compuestos por saucedas, alisedas, choperas, fresnedas y olmedas.

© Fernando Sánchez



3. BOSQUE DE CONÍFERAS


Se localiza entre los de frondosas de la media montaña y los pastizales de alta montaña. Las coníferas españolas se distribuyen en tres familias y cinco géneros, además de otras introducidas para el aprovechamiento maderero, la más destacable el pino insigne, muy extendido en el País Vasco. La familia más importante es la de las pináceas, que incluye pinos y abetos. Las otras dos son las cupresáceas, formadas por enebros, sabinas y araar, y las taxáceas representadas por el tejo.

En España existen dos clases de abetos, el abeto común o pinabete, muy resistente al frío y del que sólo hay muestras en el Pirineo, y el pinsapo, en el suroeste de la Península. Entre los pinos hay seis especies autóctonas: el pino negro, pino silvestre o albar, el pino laricio o salgareño, el pino negral, rodeno o resinero, el pino piñonero y el pino carrasco. El primero, es el más resistente a las bajas temperaturas y puede encontrarse en el Pirineo. El albar ocupa los valles secos pirenaicos y el piso subalpino en las cordilleras Béticas y en los sistemas Ibérico y Central. Los pinos restantes no forman bosques de carácter climático, aunque el piñonero y el carrasco son los que mejor aguantan la sequía. El pino negral del Atlántico se ha extendido por Galicia y Asturias a costa de los robledales. Otros bosques de coníferas son los de sabina albar, localizado en territorios con clima muy seco y con fuertes heladas, como sucede en el sur de Teruel; sabina mora de las dunas, el enebro de las dunas, estos dos importantes en los arenales de Doñana y algunos puntos de Cádiz, Almería y las Baleares, y de araar en la Sierra de Cartagena, única especie norteafricana.

Pinsapar en la Sierra de Grazalema © Daniel Burón

4. BOSQUE CANARIO


Las islas Canarias tienen un bosque mezcla de elementos mediterráneos, atlánticos y tropicales. Formado fundamentalmente por plantas xerófilas con un 40% de especies mediterráneas y un 33% de especies endémicas, en los que cabe citar, exclusivos del lugar, el pino canario, el cardón y la tabaiba dulce. El monteverde o laurisilva, por su originalidad y variedad de especies, es el más característico bosque canario, situado en zonas húmedas del piso montano. Sus especies más características son el laurel, el viñátigo, el tilo, el aceviño y el barbusano, todas de hojas perenne entremezcladas. El pinar, bosque de más amplia representación en todas las islas menos en Lanzarote, se encuentra situado en la vertiente sur hasta los 2000 metros de altura.

Los bosques de lauráceas de las zonas de nieblas del Teide se alternan con los bosques de pinos de reciente incorporación y la vegetación xerófila acentuada en las áreas bajas, cuyo suelo no suele estar en muy buenas condiciones. Las cumbres de La Palma tienen bosques de cedro que alternan con pino canario.

Pinzón Azul © Javier I. Sanchís

Estado de conservación de los bosques españoles

Según un estudio realizado, el estado de conservación de los bosques españoles puede considerarse globalmente bajo. De hecho, sólo los hayedos y abetales superan el 50% de su superficie con un estado de conservación alto. En general, los bosques canarios se hallan en mejor situación que los peninsulares, acercándose la superficie de pinares de pino canario y de laurisilva en buen estado de conservación a un 35%.

Los hayedos son bosques de distribución típicamente europea, limitándose en la Península prácticamente a la zona norte, donde el clima es más húmedo y por tanto más favorable a su desarrollo. No obstante, pueden encontrarse hayedos en determinados puntos del interior, hasta el Sistema Central (Sierra de Ayllón) y el puerto de Beceite (Castellón), donde se localizan los hayedos ibéricos más meridionales. Algo más del 50% de los hayedos españoles se han considerado en la cartografía con un estado de conservación bueno.

En España encontramos abetales (Abies alba) sólo en los Pirineos, donde quedaron resguardados durante las épocas de grandes cambios climáticos. El estado de estas formaciones de coníferas ha resultado ser excepcionalmente bueno, pues más del 70% de su superficie ha quedado registrado en los mapas con un buen estado de conservación.

Los pinares canarios alcanzan una extensión de 65.000 hectáreas en Gran Canaria y las islas occidentales, exceptuando La Gomera. El 36% de estas formaciones se halla en buen estado de conservación. La laurisilva es un bosque subtropical endémico, de composición extraordinariamente variada. Actualmente, sólo Tenerife, La Gomera y La Palma conservan enclaves de laurisilva en buen estado, estando prácticamente extinguida en Gran Canaria y El Hierro. Su estado de conservación es alto en el 35% de su territorio.

Atendiendo a los datos cartográficos, los bosques peor conservados en España son los pinares de pino negral, los sabinares albares, los encinares, los castañares y los robledales pubescentes.


Dehesa en Sevilla © Daniel Burón

Castañar en Aracena © Daniel Burón

Los pinares de pino negral ocupan 12.300 km2, repartidos por todo el territorio peninsular, principalmente en las montañas del interior. Son los bosques más extensos del país después de los encinares y pinares de pino carrasco; sin embargo, su estado de conservación sólo es bueno en poco más de un 7% de su superficie.

Los sabinares albares son formaciones abiertas que cubren páramos u otras zonas muy desfavorables para la instalación de otros bosques. Este tipo de formación es exclusivo de la Península y del norte de África, con excepciones muy localizadas en los Alpes, Córcega y el Pirineo francés. En España se localizan en zonas del interior, principalmente en su cuadrante nordeste. Menos del 7% de su territorio está bien conservado.

Los encinares son, sin duda alguna, los bosques más representativos de nuestro país, ya que constituyen casi el 40% de la superficie total de los bosques españoles. La encina es una especie de considerable amplitud ecológica, con gran capacidad de adaptación. Grandes extensiones de lo que hoy son cultivos cerealistas en la Meseta fueron originariamente encinares. A pesar de la importancia que estos bosques han tenido histórica y culturalmente, menos del 5% de sus masas forestales pueden considerarse con un estado de conservación alto.

Aunque los castaños se consideraron introducidos en nuestro país por los romanos, en la actualidad se tienen datos que permiten desestimar esta hipótesis, si bien es cierto que durante los años de ocupación romana se favoreció su extensión, dado su valor alimenticio. Los castañares (Castanea sativa) ocupan hoy algo más de 200.000 hectáreas en las montañas del norte y del oeste. Su estado de conservación es llamativamente bajo, al igual que el de los robledales pubescentes (Quercus humilis=Q. pubescens), bosques comunes en los países del norte del Mediterráneo, que quedan limitados en España a las áreas pirenaicas.

La protección de los bosques

Sólo uno de cada quince bosques europeos está adecuadamente protegido, mientras en España el 10 por ciento de su superficie forestal está amparada por distintas figuras de conservación, según un informe de WWF/Adena presentado en Bruselas. Este documento ofrece una completa visión sobre el estado de protección de los ecosistemas boscosos de Europa, donde se subraya que pese a que aún mantienen una increíble riqueza biológica "sólo uno de cada quince está bien protegido". El resto son áreas muy pequeñas, poco protegidas y no son representativas de la diversidad del continente: casi el 100 por cien de los bosques protegidos tienen menos de diez kilómetros cuadrados.
La mayor parte de los ecosistemas boscosos más grandes que cuentan con figuras legales de conservación están en Rusia (39 de 50); Suecia, Noruega y Finlandia (6), mientras el sur de Europa sólo tiene cuatro. Sus amenazas principales son las talas ilegales, los incendios forestales, el turismo masivo y el furtivismo de fauna que allí habita. Según esta organización, los bosques protegidos se han seleccionado por conveniencias administrativas y no por razones "ecológicas de peso".

Asimismo se calcula que sólo entre el 2 y 3 por ciento de las áreas forestales de Europa occidental y entre el 5 y 10 por ciento en Rusia son bosques relativamente intactos, lo que supone alrededor de quince o veinte millones de hectáreas de bosques prístinos, de los que cerca de la mitad no tienen protección. Numerosas especies forestales de mamíferos (entre el 20 y 50%) y aves (15-40%) están amenazados, incluido el oso pardo, el lince, el lobo, el urogallo o el pájaro carpintero.

España ha alcanzado el 10 por ciento de superficie forestal protegida, pero existe un claro desequilibrio en relación a los tipos de bosques. "Mientras que de los pinsapos y quejigos andaluces está protegida más del 90 por ciento de su superficie, nuestros melojares, quejigares, sabinares y pinares mediterráneos tienen sólo un 5 por ciento de superficie protegida.



Pico picapinos © Javier Sanchís

Cada verano, nuestros bosques sufren el azote del fuego, que llega a quemar miles de hectáreas. Muchos de estos fuegos son provocados por la mano del hombre, ya sea de manera involuntaria, otras muchas veces por pirómanos.

Queremos recordar aquí nuestra campaña "Cenizas para un desierto" presentada en el año 2005 y con la que quisimos concienciar sobre este peligro, la cual contó con la colaboración de fotógrafos de toda España.

Queremos que el bosque se conserve, y quisimos concienciar con imágenes de los bosques en todo su esplendor, en lugar de imágenes de zonas quemadas.

Puedes visitar la página web de la campaña, pulsando en la fotografía de la derecha
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Los bosques, propiedad particular

Más de la mitad de la superficie total de España está ocupada por los bosques, de los que las dos terceras pertenecen a propietarios particulares, una superficie forestal que genera más de 3.000 millones de euros de beneficios en producción de madera y corcho y rendimiento turístico y deportivo.

Según los datos aportados por la Asociación Nacional de Empresas Forestales (ASEMFO), España tiene 26 millones de hectáreas de terrenos forestales, lo que supone un 51,4 por ciento de su superficie total. La propiedad de los bosques se reparte entre los particulares, que están en manos del 64,74 por ciento de la foresta, a otras entidades públicas les corresponde el 28,33 por ciento y al Estado y comunidades autónomas el 5 por ciento restante.

Los 8 mejores bosques españoles

Diez conocidos expertos en la materia hace unos meses hicieron pública la lista de los ocho mejores bosques de España. Los consultados, considerados por su conocimiento y responsabilidades entre los mejores del medio, ya advierten, de entrada, que no es algo fácil porque con más de 50 tipos de bosques de una especie arbórea dominante, a los que deben añadirse las variedades de cada uno de ellos (que en su conjunto posiblemente sumen más del doble) y la infinita variedad de bosques mixtos (formados por diferentes especies vegetales) es difícil elegir cuáles son los mejores.

La lista que han elaborado y los votos que decidieron dar a cada uno de los bosques es ésta:

1. Laurisilva canaria 6 votos.
2. Bosque mediterráneo de Los Alcornocales (Cádiz) 5 votos.
3. Bosque atlántico de la Reserva Natural de Muniellos (Asturias) 3 votos.
4. Pinsapares de las sierras de Grazalema y Las Nieves (Cádiz /Málaga) 3 votos.
5. Monte mediterráneo de El Pardo (Madrid) 2 votos.
6. Pinares de pino silvestre de Valsaín (Segovia) 2 votos.
7. Hayedo de Irati (Navarra) 2 votos.
8. Tejedas del Sueve (Asturias) 2 votos.

Es imposible conocer cuántos bosques tenemos. La realidad es que desde la Edad Media, época en que las tareas agrícolas y las demandas madereras para la Armada española pusieron cerco a los míticos bosques ibéricos, nuestro territorio se muestra feroz en estos ecosistemas. Y aquí no debe olvidarse la boscosidad insular, sobre todo la canaria, que alberga el tesoro de la laurisilva.


Araña © Fernando Sánchez

Culebra lisa en la Sierra de Cazorla © Andrés López

El caso es que desde los robledales y hayedos atlánticos, con sus estabuladas variedades geográficas y tipológicas, hasta los abetales y pinsapares mediterráneos de singular caracterización ecológica, y desde los austeros sabinares y enebrales castellanos hasta la herencia terciaria de la mencionada laurisilva, tenemos muchas variedades de bosques. De hecho, desde hace poco tenemos un nuevo tipo de bosque. Un grupo de botánicos españoles comandado por el catedrático madrileño Salvador Rivas Martínez ha descubierto un nuevo ecosistema boscoso. Después de 20 años de concienzudos estudios, han concluido que lo que se creía un híbrido de dos especies (roble albar y común o carballo) en realidad es una nueva especie de árbol: el roble orocantábrico, sufrido vegetal que se agrupa en las montañas del norte de la Península en altitudes casi siempre superiores a los 1.800 metros.

1. LAURISILVA CANARIA, LA GOMERA
Situado en el interior de la isla de La Gomera, es el bosque de laurisilva más importante que existe. Se trata de una reliquia viviente de los bosques que en el Terciario, hace 65 millones de años, cubrían la Tierra. Sus 3.984 hectáreas (10 por ciento de la isla) constituyen el Parque Nacional de Garajonay, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

2. BOSQUE MEDITERRÁNEO DE LOS ALCORNOCALES, CÁDIZ
El bosque mediterráneo más extenso y mejor conservado. Enclavado al este de la provincia de Cádiz y al oeste de Málaga, en el extremo occidental de la cordillera Bética. Sus 170.025 hectáreas, que se extienden por 16 municipios, han sido declaradas Parque Natural.

3. BOSQUE ATLÁNTICO DE MUNIELLOS, ASTURIAS
Pequeño reducto de naturaleza planocaducifolia situado en el suroeste de Asturias, con una extensión de 59,7 km2. Variada comunidad arbórea con robles, hayas, abedules, arces, fresnos, acebos, serbales, alisos y tejos. Reserva Natural Integral y de la Biosfera, sólo se permite el acceso de 20 personas diarias a su interior.

4. PINSAPARES DE LAS SIERRAS DE GRAZALEMA Y LAS NIEVES, CÁDIZ/MÁLAGA
Estos pequeños bosques de montaña constituyen las masas forestales más importantes de su género en el mundo. Aparte de en la subbética, sólo hay bosques de pinsapos de esta categoría en la cordillera de Yebala, en Marruecos. Están catalogados como Reservas de la Biosfera.

5. MONTE MEDITERRÁNEO DE EL PARDO, MADRID
A siete kilómetros de la capital, una tapia de piedra preserva un bosque cuya importancia la subraya la presencia del águila imperial y el buitre negro, dos de las aves más amenazadas del planeta. Junto a ellos, 125 especies de aves, 35 de mamíferos, 19 de reptiles y 13 de anfibios son la envidia de cualquier ciudad europea.

6. PINARES SILVESTRES DE VALSAÍN, SEGOVIA
El pino silvestre, también llamado de Valsaín por encontrarse aquí su masa mejor conservada de España, es el emperador de los pinos por su porte, por la trascendencia del ecosistema que alberga y por su importancia económica. La densidad maderera de este bosque alcanza los 250 ejemplares por hectárea.

7. HAYEDO DE IRATI, NAVARRA
Es el hayedo más importante de Europa occidental. Situado entre Francia y Navarra, tras el haya, el abeto es la especie forestal predominante. Con una extensión de 17.000 hectáreas, tiene partes que se conservan sin ninguna alteración, aunque sólo están protegidas legalmente alrededor de 200.

8. TEJEDAS DEL SUEVE, ASTURIAS
Conserva alguna de las tejedas más antiguas del continente. A pesar de ello, sufre un grado máximo de amenaza, hasta el punto de que se ha puesto en marcha un programa para proteger este santuario natural de 80 hectáreas donde aún perviven unos 8.000 tejos, muchos, gigantes milenarios.

Esperamos que esta introducción te haya ayudado a conocer más nuestros bosques, y a inspirarte para obtener una fotografía que pueda formar parte de esta Exposición FONAMAD 2008 : nuestros bosques.

Si eres socio de FONAMAD, infórmate de como puedes participar en la
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