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Texto: Ana Isabel Rojas

Llegamos a Asturias y Nuberu, el señor de las tormentas, nos da la bienvenida. Como es costumbre, se le ve desplazándose por el aire montado en una nube con una poblada barba y aspecto de mendigo. El Nuberu es implacable y descarga sobre nosotros un gran nubarrón.

Al día siguiente, viernes, todo parece más tranquilo y podemos cargar con nuestras mochilas fotográficas rumbo al litoral occidental, donde esperamos encontrar esa naturaleza salvaje que nos infunde esperanza y libertad.

Nos dedicamos así a las escarpadas playas del Concejo de Cudillero, Gueirúa por la mañana y El Silencio después del refrigerio en una típica casa de comidas caseras. Breve visita también al Cabo Busto, cerca de Luarca.

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© Cristina Lorca

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© Jorge Martín Burguillo

Tanto en Gueirúa como en El Silencio nos dejamos impregnar por la fuerza del viento y la energía de este mar benéfico y temerario que nos lo da todo y nos lo puede arrebatar en cuestión de segundos; pienso en las tejedoras de redes, trabajando sin descanso y llorando por las vidas de sus marineros.

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© Roberto Carlos Fernández

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© Pedro Torino

De vuelta al hotel para recibir al resto de compañeros que llegan hoy desde Madrid, vemos algunas casas de Indianos, clásicas y majestuosas, revestidas típicamente de colores pastel.

Alegre bienvenida, me encanta ver de nuevo a la familia fonameña. Cenamos y planificamos el día siguiente, ya anticipamos que el tiempo no será bueno, vuelve Nuberu a hacer de las suyas.

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© Cristina Lorca

Sábado, no deja de llover hasta las 11 de la mañana, pero no importa, sabiendo que escampará volvemos a fotografiar playas de imponente belleza. Esta vez hemos escogido Portizuelo, con su escultura de piedra como protagonista, a la que llamamos, en honor al señor de los anillos, como la máscara de Sauron; es curioso, parece que está saliendo de las profundidades marinas.

 

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© Cristina Lorca

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© Ramón Carretero

Comemos todos juntos, tapas variadas, cachopos, vinos, cervezas y postres, reímos y comentamos, como siempre buen ambiente en nuestro fonabar.

Por la tarde toca Campiecho, inundada de rocas de diferentes tamaños, con una mole especialmente original y una cueva donde habita otro personaje de la mitología asturiana, L’espumeru, duendecillo que se aloja en las cuevas, a orillas del mar y de las que nunca se aleja por miedo a las corrientes marinas, allí le vimos, con su sombrerito de algas.

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© Fernando Iniesta

Allí también fotografiamos el atardecer porque, por fin, el cielo se dignó a dejar salir al sol.

El domingo es ya día de regreso, algunos vuelven a sus casas por la mañana, otros nos quedamos por allí un poco más y nos acercamos a la playa de Mexota, junto a Tapia de Casariego, donde por fin sale el sol a plenitud. Otra maravilla con características y pintorescas rocas de impresionantes dimensiones. En fin, una salida tremendamente fotogénica y totalmente recomendable.

Solo queda agradecer a los coordinadores de la salida, Cristina y Roberto, su buen trabajo en todos los sentidos y esperar a la próxima ocasión para disfrutar de nuevo de los compañeros, de la fotografía y de la naturaleza.