Chad
VIAJES DE NUESTROS SOCIOS

Expedición Tibesti, corazón y techo del Sahara

Si en artículos anteriores hemos hablado de salidas fotográficas organizadas por Fonamad a lo largo de la Península Ibérica, en esta ocasión, nos vamos a desplazar hasta el destierto del Chad para conocer el increíble viaje que nuestro compañero Cecilio Romero relizó durante el pasado mes de marzo. Así queremos dar a conocer increíbles parajes internacionales y dar una mayor visibilidad a la espectacular naturaleza que la madre Tierra nos regala.

En el noroeste del Chad, compartiendo fronteras con Niger y Libia, nos encontramos con un inmenso macizo volcánico del que aún no se ha datado su origen y que abarca unos 300 kms de sur a norte y este a oeste. Es conocido como el «Techo del Sahara», pues su altitud media ronda los 2.000 m., siendo la altura mayor la alcanzada por el Emi Koussi, con 3.415 m.

© Cecilio Romero

No es un lugar de fácil acceso, localizado a unos 1.100 kms. desde la capital chadiana, se encuentra Yamena, donde comenzaremos la ruta. El acceso lo realizamos por la parte occidental, superando las riberas del Lago Chad, abandonando el Sahel y adentrándonos en el mas crudo desierto.

Seguimos la ruta que los mercaderes modernos realizan para conectar Libia y Niger con el centro del Chad, por donde transportan viejos camiones cargados de las más diversas mercancías y que, en muchos casos, quedan averiados y varados en los márgenes del camino. Llegar hasta el Cañón de Zouar, lo que se puede considerar la entrada a esta remota región, nos llevó 7 días por caminos de piedra y arena y donde en algunos casos se perdía el trazo de la vía.

© Cecilio Romero
© Cecilio Romero

Tampoco es fácil el acceso por las condiciones de seguridad. Hasta hace unos meses se consideraba una zona en conflicto con el gobierno central, con continuas escaramuzas entre el ejercito regular y las brigadas de autodefensa (como ellos se autodenominan). Actualmente no es que haya mejorado tanto la situación como para considerarlo una zona relativamente segura: la proximidad a la frontera sur Libia es muy permeable y permanecen atrincheradas las guerrillas rebeldes chadianas. También los continuos y crecientes problemas de seguridad libios, y el hallazgo de oro en la región no contribuyen a la pacificación del Tibesti. En este sentido, hay que indicar que tuvimos algunos problemas de seguridad, que se limitaron a una serie de controles de las brigadas de autodefensa y que, con mayor o menor éxito, pudimos superar, no exentos de algunas tensiones. Si bien, y ante la advertencia de los controles que nos quedaba por pasar, decidimos variar la ruta previamente planificada y evitar las zonas más problemáticas.

Tras atravesar el antes citado Cañón de Zouar, comenzamos el ascenso a través de una inmensa colada de lava al cráter de Trou au Natron, un cráter de 7 kms. de diámetro, 2.400 m. de altitud y 800 de profundidad. En el centro de este cráter se encuentra una laguna salada de la que los nativos extraen el natrón (carbonato de sodio), que utilizan para dárselo a sus animales y enriquecerles la dieta. Otros conos volcánicos secundarios que crean una estampa como de otro planeta.

© Cecilio Romero
© Cecilio Romero

Continuamos la ruta marcada llegando hasta Bardai, considerada la capital de la región y la última población antes de adentrarse en el desierto libio. A través de extensos campos de lava, donde la circulación con los 4×4 se hacia casi imposible, y atravesando algunos campos minados por conflictos anteriores (marcados con pintura roja que no se debe franquear), vamos abriéndonos paso en medio de unos paisajes tan enigmáticos como impresionantes y grandiosos. Cruzamos de vez en cuando algunos palmerales y restos de cursos hídricos, donde la vida intenta abrirse paso.

© Cecilio Romero

En la localidad de Yebri Bou decidimos ajustar nuestro itinerario itinerario al sugerido por el responsable de la policía local. En vez de adentrarnos en un estrecho desfiladero de más de 100 kms de longitud a los pies de Emi Koussi, decidimos continuar hacia el este saliendo del Tibesti. Esta ruta discurría por una serie de cañones rocosos, arenales y dunas doradas de gran belleza hasta llegar a los Lagos de Unianga, una serie de lagos de agua salada que, de forma inexplicable, aparecen en medio de este mar de arena con una profundidad máxima de 38 m.

Desde aquí continuamos camino hacia el sur siguiendo la ruta de los pozos que las caravanas de camellos utilizan para desplazarse con sus rebaños hasta Sudán y Egipto. A partir de esta zona vuelve tímidamente la vegetación y las acacias, lo que nos indica que estamos nuevamente en el Sahel. Antes de terminar nuestro circuito de unos 4.000 kms por los polvorientos y pedregosos caminos, hacemos una última acampada en la zona ribereña del lago Chad. Avistamos una manada de elefantes y esa noche nos acogen en una aldea de Fulanis, tribu seminomada que vive del pastoreo y algunos cultivos que aprovechan en zonas húmedas del lago.

© Cecilio Romero
© Cecilio Romero

De aquí llegamos al punto final de nuestra ruta. La llegada a Yamena y dejar las tiendas de campaña, que durante 17 días habían sido nuestras moradas, así como poder ducharnos y quitarnos el polvo de tantos días, fue el autentico placer del fin de este viaje, antes de volar de regreso a Madrid.

© Cecilio Romero

Artículo e imágenes realizados por
Cecilio Romero


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2 opiniones

  1. Magnífica narración Cecilio, me he quedado con ganas de más anécdotas y más fotografías.
    Felicidades y gracias por compartir estas aventuras.

  2. Excelente narración Cecilio, que gran aventura, por lo que cuentas no exenta de riesgo. Gracias por compartirla con nosotros y permitirnos conocer y disfrutar con tus estupendas imágenes.

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