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El Gorila de Montaña. Pasado, presente y esperanza de futuro

© Cecilio Romero

Cuando un 26 de diciembre de 1985, encontraron asesinada a la primatóloga americana Diane Fossey, una corriente de simpatía hacia sus protegidos empezó a recorrer el mundo.

Qué desatino tuvieron los Gorilas de Montaña en escoger como su hábitat las montañas Ruwenzori, Virunga y el P.N. de los Volcanes, compartido entre R.D. del Congo, Ruanda y Uganda, montañas que, aparte de ser el hogar de esta maravillosa subespecie del gran primate, también tienen el privilegio de albergar una gran cantidad de esos recursos que el humano está acostumbrado a extraer sin reparar en costes, tanto económicos como medioambientales.

Aparte de albergar al Gorila de Montaña, estas cumbres, que conforman la espina dorsal centroafricana y el inicio de la gran falla del Rift,  cuentan con grandes lagos y montañas como el Mt. Stanley, superando ampliamente los 5.000 m. de altitud y que, a pesar de estar situado sobre la línea del Ecuador, alberga una gran zona glaciar en su cumbre. Su gran pluviosidad es la génesis de los dos grandes ríos africanos, El Nilo Blanco, el más largo, y el Congo, el más caudaloso, así como la segunda mayor extensión boscosa del planeta después de la Amazonía.

Mapa de Google Maps

Cuando los europeos comienzan la colonización de África, esta región es repartida entre Bélgica, que se apropia lo que ahora es la R.D. del Congo, Inglaterra con Uganda, y entre Francia y Alemania se reparten Ruanda. La población de los Gorilas empieza a sufrir una gran presión ante la ambición depredadora de los colonizadores para extraer los recursos naturales, como la madera, combustibles fósiles, uranio y actualmente el tan preciado coltán, esa mezcla de minerales “raros” indispensable para la fabricación y montaje de la gran mayoría de los aparatos electrónicos que nos rodean y nos hacen más fácil nuestra vida. Cierto es que no todo se extrae de forma ilícita o irregular, pero la corrupción y los interminables conflictos bélicos actuales en la R.D. del Congo alimentan el mercado negro de todos estos recursos, no dudando en limpiar grandes extensiones de tierra de sus habitantes para dejar espacio a las empresas depredadoras.

La primatóloga Diane Fossey marcó un antes y un después en el conservacionismo de estos primates que estuvieron al borde de la desaparición. Tras su asesinato en 1985, la ONG DIAN FOSSEY GORILLA FUND, sigue sus trabajos de conservación, principalmente en Ruanda, donde tenía su sede Diane. Es en la R.D. del Congo donde se siguen cometiendo las mayores atrocidades, no ya sobre el Gorila que es lo que nos ocupa en este artículo, sino sobre la mayoría de los recursos y especies naturales que la habitan, con una deforestación agresiva y salvaje y hasta con la misma población que mora estos valles. 

En 2007 el fotógrafo americano Brent Stirton realizó un reportaje en el P.N. de Virunga, captando con su cámara el transporte de un gran espalda plateada que momentos antes había sido abatido por las guerrillas en esas tareas de limpieza, asesinado por defender a su familia, otros 7 ejemplares más fueron cazados en esa misma batida.

© Brent Stirton

Esta fotografía dio la vuelta al mundo volviendo a conmocionar a toda la opinión pública y alentando nuevamente esa simpatía por el Gorila y la conservación de cualquier especie en peligro, hasta el punto que una gran aerolínea americana prohibió transportar armas destinadas a la caza en sus aviones. Lo cierto es que actualmente el P.N. Virunga sigue sufriendo el hostigamiento y el ataque de las guerrillas, produciéndose continuamente bajas en los ejemplares de Gorilas e incluso de los Rangers que protegen este parque. La película documental Virunga, actualmente en la plataforma de Netflix, relata de forma cruda y clara la situación de este Parque Nacional.

Además de los problemas descritos, se suma la caza furtiva de estos animales, por su carne, muy preciada en ciertas culturas y extravagantes mesas, trofeos para exhibir la cabeza de un gran espalda plateada, o las manos, demandadas por ciertas culturas como amuletos o para la fabricación de pócimas milagrosas.

En la actualidad se cifran en algo más de 1.000 los ejemplares de gorilas en libertad entre las tres zonas, P.N. Virunga (R.D. Congo), Selva Impenetrable de Bwindi (Uganda) y P.N. de los Volcanes (Ruanda), ahora separadas entre sí y que antaño conformaban el gran área por donde las diversas familias de gorilas campaban a sus anchas. 

Los sucesivos conflictos que padecen los tres países implicados no hacen más que agravar el problema de la conservación de su fauna, estando siempre en el punto de mira, el gorila y el chimpancé.

Es en 1986, cuando en Uganda finaliza la guerra civil y comienza una época de mayor estabilidad política y social, es cuando se inicia la reconstrucción del país y se toma una verdadera conciencia sobre la conservación de su naturaleza y de las especies que las habitan. Es entonces cuando se toman medidas para luchar contra la caza furtiva, muy presente hoy en día con continuas incursiones desde Sudán del Sur y la R.D. del Congo, se establecen los límites y protección de los actuales Parques Nacionales y reservas de fauna salvaje. 

La Selva Impenetrable de Bwindi, llamada así por la espesura de su vegetación que hace extremadamente difícil el poder andar por sus laderas, es el hogar de las familias del Gorila de Montaña en suelo ugandés.

© Cecilio Romero

También es una zona que sufre una importante presión demográfica. Tierras de montaña con una altitud media que ronda los 2.000 m, temperaturas cálidas y un gran índice de pluviosidad, las hacen idóneas para el cultivo del té y el café, los dos principales productos que Uganda exporta al resto del mundo. 

© Cecilio Romero

También es el hogar de los Batwa o Pigmeos de Bwindi, tribus autóctonas de esta zona de montaña y adaptadas a la vida en ellas, son cazadores y recolectores de lo que la montaña les ofrece. Cuando el gobierno delimita este parque, son expulsados de él sin ninguna compensación económica y bajo la amenaza de ser arrestados y encarcelados si quebrantan esta ley. La gran mayoría de ellos viven en asentamientos o pequeños guetos al amparo de otras poblaciones limítrofes al parque, sin trabajos ni ocupaciones, gran parte de su población convive con problema de alcoholismo, y viven principalmente de las ayudas de las ONG.

© Cecilio Romero
© Cecilio Romero

La población también toma conciencia de la conservación de su fauna salvaje, un animal vivo da más dinero que un animal muerto, y los furtivos, que hasta entonces servían a las demandas de trofeos, van cambiando sus hábitos hacia la conservación de las especies, en favor de un turismo más sostenible. También contribuyen a esta educación muchas ONG nacionales e internacionales que siguen trabajando por toda esta área. 

Es en la década de los 90 del pasado siglo cuando se empieza a trabajar con las distintas familias del Gorila de Bwindi. Primero se identifican el número de familias e individuos que las componen, posteriormente con sucesivas visitas por parte del personal del parque y científicos e investigadores, se van habituando a los integrantes de las familias a la presencia humana. Cada familia que se va incluyendo en este programa tardan una media de 2 años hasta poder ser visitadas por los grupos de turistas.

© Cecilio Romero

En las visitas al parque, estos grupos de turistas nunca superan el número de 6 individuos, que son acompañados en todo momento por un grupo del personal del parque, dos o tres rangers que van armados por seguridad y otros tantos ojeadores (trackers) que desde el amanecer de ese día han estado rastreando la zona para identificar y seguir a la familia que se visita. Tras una marcha que en muchos casos llega a ser de gran dificultad, se llega hasta la zona donde se encuentra la familia de primates. En ese momento nadie se puede acercar a menos de unos 7 m. de distancia a los gorilas, hay que estar completamente en silencio sin comer ni beber nada y sin hacer movimientos bruscos, durante una hora, continuamente vigilados por los rangers, hay que tener siempre muy presente que se trata de animales salvajes y que, por mucho que este habituados a la presencia humana, pueden tener comportamientos extraños o imprevisibles. Sin duda un momento único para los que amamos la naturaleza en estado salvaje y a estos animales, tan parecidos en gestos y comportamientos a los humanos.

© Cecilio Romero

Una de las formas de limitar y seleccionar el turismo que accede es el precio de estas visitas, que oscilan entre los 400 y 600€ por persona y visita, aseguran el 99% de posibilidades de avistamiento. Puede parecer caro o excluyente por motivos económicos, sería un tema a debatir, pero lo cierto es que con este dinero se financia su conservación, el mantenimiento del parque, los sueldos de todo el personal del parque y las poblaciones limítrofes a él.

Actualmente hay más nacimientos que muertes de estos primates por lo que su población está en claro crecimiento, y se continúa trabajando en la incorporación de nuevas familias a este programa.

Similar a este programa de recuperación del Gorila de Montaña, se está haciendo con el Chimpancé en el P.N. de Kibale, especie también en peligro de extinción por su caza furtiva para carne y como mascotas.

© Cecilio Romero

El segundo en entrar en este programa de conservación del gorila fue Ruanda, en 1995, tras su pacificación y el fin del terrible genocidio, el gobierno siguió el ejemplo ugandés y puso en marcha un programa similar para la población del Gorila de Montaña en el P.N. de los Volcanes, con idéntico resultado y basado igualmente en fijar unos precios elevados por las visitas de sus turistas como medida de limitar los aforos.

El problema de la R.D. del Congo, es mucho más grave y por el momento de muy difícil solución. La elevada corrupción en todos sus estratos sociales y de poder, lo enorme de su territorio, las continuas luchas entre las distintas guerrillas y facciones armadas, los muchos intereses económicos por la explotación de sus productos, lo convierten en un estado fallido. Tan sólo el tesón y la fuerza del director, los rangers y resto del personal del P.N. Virunga están consiguiendo que el Gorila no se extinga, pagando precios muy altos, en ocasiones con sus propias vidas. Sería de desear que este P.N. Virunga se incorporara a un sistema de regeneración y conservación de todas sus especies salvajes, entre ellas el Gorila de Montaña.


Artículo e imágenes realizadas por
Cecilio Romero


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