Islas Galapagos
Un Paraiso Natural
El verano pasado disfruté de uno de los mejores viajes de mi vida. Todo empezó dos años atrás cuando, en busca de aventuras, leí “Galápagos” en una agencia de viajes grupales. Aunque el repertorio incluía decenas de destinos, ya había encontrado el mío. Ese archipiélago del Pacífico que había descubierto de pequeña en documentales, en el que la teoría de la evolución cobraba sentido, las tortugas paseaban su media tonelada por la playa y las iguanas buceaban a contracorriente.
De Elena Jorreto *Para ver las fotos más grandes, haga clic.*
El viaje comenzó a mediados de agosto. Tras una semana en el Ecuador continental volamos a la provincia de Galápagos, uno de los paraísos de la biodiversidad mundial, no en vano declarado Patrimonio de la Humanidad. De las 13 islas que conforman este archipiélago descubierto en 1535 por fray Tomás de Berlanga, visitamos 4: Santa Cruz, Isabela, San Cristóbal y Española.
Nada más desembarcar en Puerto Ayora (Santa Cruz) nos recibieron decenas de lobos marinos. Es, probablemente, la especie más integrada en la vida urbana de las islas. Pasan gran parte del día tumbados al sol en los bancos de los paseos y dormitando en las playas. Sin embargo, sorprende la diferencia abismal entre su sedentarismo seco y su agilidad bajo el agua, donde se trasladan a la velocidad de la luz. Lo comprobé mientras buceaba en Darwin Bay, y vi dos machos precipitarse hacia nosotros como torpedos traviesos. Este es, para mí, el animal más ‘salado’ de Galápagos.
Iguanas
Otra especie que me habría encantado ver bajo el agua, pero no pudo ser, es la más emblemática del archipiélago junto con la tortuga gigante. Se trata de la iguana marina, el único lagarto que depende del mar para alimentarse. Aunque no pude observar a ningún macho agarrándose al fondo con sus garras para comer algas, encontré muchos ejemplares en las playas, rocas y caminos de las islas. Los de Española, la más virgen que visitamos, a diferencia de la mayoría, negros, son rojos con manchas verdes; lo que los convierte en una subespecie muy vistosa conocida como «iguanas de Navidad». Su nombre científico es Amblyrhynchus cristatus, que significa «hocico romo y crestado», y lo utilizan para escupir la sal o advertir a quien se acerque demasiado.
Hablemos ahora de la reina indiscutible del archipiélago, la tortuga gigante de las Galápagos. Hay diez especies pertenecientes al ‘Complejo Chelonoidis nigra’. Pueden pesar más de 450 kg, medir más de 2 metros y alcanzar los 170 años. Pero lo más relevante no es su tamaño, sino su resiliencia, ya que pueden pasar 6 meses sin agua ni comida. Esa fortaleza es la que les ha permitido sobrevivir hasta la actualidad, a pesar de que en el siglo XVI había 250.000 ejemplares y desde entonces la caza, la introducción de especies invasivas y otros factores diezmaron la población hasta los 19.000 actuales.
Tortuga Gigante
En el mar
Aunque en otras épocas del año es fácil verlas en libertad paseando por las islas, cuando yo fui, durante su invierno, era época de reproducción y no se dejaban ver fácilmente. Por lo que visitamos el Centro de cría Estación Darwin de Santa Cruz. Su presencia impresiona, pero el encuentro que mejor recuerdo me dejó fue con una de sus parientes marinas: la tortuga verde del Pacífico. Ocurrió en mi primer esnórquel, en el Parque nacional Las Grietas. Al verla nadar sentí una mezcla de emoción y paz mental. Avancé a su ritmo, ensimismada con la parsimoniosa cadencia de su aleteo, y la escolté durante su ascenso a la superficie. Esperé a que su cabeza se asomase al exterior para sacar la mía y contemplar un breve respiro que confiere hasta media hora de inmersión.
El esnórquel que hicimos en Los Túneles (Isabela) fue aún más fructífero. Nadamos con tiburones de punta blanca y negra -no tuvimos la misma suerte con el martillo, que no se dejó ver en la inmersión junto a la isla Seymour norte- y descubrimos una de las especies más grandes del mundo de caballito de mar (Hippocampus ingens).
Posados en la lava volcánica también vimos un pingüino -Galápagos es el único lugar que habitan al sur del Ecuador, gracias a los nutrientes que arrastra la corriente de Humbolt-; y la otra estrella endémica del archipiélago: los piqueros azules. Estos alcatraces con patas color turquesa son, además de preciosos, auténticos misiles cuando pescan. Entre las aves también destacan los albatros ondulados de Isla Española, el único lugar del mundo donde anidan. Pudimos presenciar su curiosa danza de cortejo, compartiendo escenario con los piqueros de nazca. Otras especies destacadas son los piqueros de patas rojas -que no vimos-, los pelícanos, los pinzones y las fragatas. Éstas sobrevuelan la costa cual forajidos, a la espera de arrebatar el pescado a otras aves cuyo plumaje sí les permite sumergirse.
Las Aves
Hacia el final del viaje pudimos disfrutar de uno de los grandes momentos del viaje: el avistamiento de una ballena jorobada que nos mostró su panza blanca mientras amamantaba a su cría. Como tantos otros en este paraíso oceánico, un recuerdo difícil de olvidar.
Todas las fotos y el relato son © Elena Jorreto
………………………………………………………….
Tremendo viaje Elena! un destino al que me gustaría ir!