Yellowstone es un Parque Nacional mítico para todos los amantes de la naturaleza. El año pasado se cumplieron 150 años desde su declaración como Parque Nacional, todo un hito conservacionista que marcó el camino para otros muchos que llegarían después. De tamaño equivalente a la Comunidad de Madrid, se asienta sobre la mayor caldera volcánica del planeta y nos sorprende con sus paisajes salpicados de fuentes termales, fumarolas y géiseres.

 

Es también reducto de fauna salvaje emblemática de Norteamérica. Bisontes, berrendos, alces, wapitíes, coyotes, zorros, lobos, osos y un sinfín de aves conviven en él, y hacen que un safari por este parque nacional sea una de las experiencias más enriquecedoras para todo aquél que disfrute de la observación de fauna salvaje.

 

Los osos grizzlies de Yellowstone

 

© Miguel Benedicto
 

Los osos grizzlies de Yellowstone

 

© Miguel Benedicto

Pero son sin duda los osos los auténticos reyes del parque, con permiso de los lobos, instalados además en nuestro imaginario infantil de la mano de los entrañables Yogui y Bubu, toda una maravillosa operación de marketing.

 

Actualmente hay censados en el parque unos 600 osos negros y 700 grizzlies (más de 1000 en todo el ecosistema Yellowstone), frente a los apenas 136 que había cuando se aprobó la Ley de Especies Amenazadas en 1973. Esto ha hecho que por fin en 2017 el oso grizzly de Yellowstone haya salido de la lista de especies amenazadas. Todo un logro de la conservación de esta emblemática especie.

 

Y si de avistar osos se trata, es la primavera un momento excepcional, mientras las hembras se alimentan en las praderas acompañadas de sus oseznos o los machos solitarios, en pleno celo, deambulan en busca de hembras.

 

Los osos grizzlies de Yellowstone

 

© Miguel Benedicto

Los osos grizzlies de Yellowstone

 

© Miguel Benedicto

Visité Yellowstone en primavera del año pasado, cumpliendo así uno de mis sueños, y esperando poder contemplar a los grizzlies en su entorno. No me defraudó el viaje. Fueron muchos los avistamientos de fauna y especialmente de osos grizzly, algunos de ellos bastante cercanos. Es fundamental atender a los consejos de los rangers del parque y realizar una observación responsable, manteniendo en todo momento la distancia de seguridad recomendada, que es de 100 metros mínimo para los grizzly. Los rangers, siempre atentos en las zonas oseras, velan por el comportamiento correcto de los visitantes, numerosos en estas fechas (Yellowstone recibe anualmente más de 4 millones de visitantes).

 

 

Las osas grizzly con sus oseznos

 

Tal vez el momento más emocionante del viaje fue el encuentro con una osa grizzly y sus dos oseznos del año anterior, ya crecidos y próximos a emanciparse (algo que suele ocurrir a los 20 meses). Cuando esta formidable osa apareció coronando la colina con sus dos oseznos, recortándose perfectamente contra el fondo, sentí cumplido mi sueño.

 

© Miguel Benedicto
© Miguel Benedicto

También pudimos avistar una hembra con sus pequeños oseznos de ese mismo año, que nos regalaron escenas muy tiernas. Esta etapa es realmente complicada, con los machos alborotados buscando reproducirse, que no dudarán en agredir a los oseznos para conseguir que la hembra vuelva a entrar en celo.

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La hembra, que portaba un collar transmisor, parecía ser consciente de la situación y venteaba la amenaza, mientras la observamos dejando caer la tarde.

 

Crónica de un infanticidio

 

Volvimos a la zona al día siguiente donde presenciamos una dura escena. En un amanecer nublado y lluvioso encontramos a la osa muy nerviosa junto a la carretera. Se acercó a lo que nos parecía un tronco más en la pradera, y pronto comprendimos que se trataba de uno de sus oseznos, que yacía inerte. Conmovían sus intentos de reanimarlo y todos presenciamos el drama en un impactante silencio.

 

© Miguel Benedicto

Finalmente, la osa tomó en la boca al osezno, muerto y con evidentes heridas, y abandonó el lugar cruzando la carretera. Tal vez buscando un lugar donde vivir su duelo en la intimidad. Una escena dura, que nos impresionó enormemente. Supimos después por los rangers que los infanticidios son desgraciadamente comunes entre los osos en celo (como en muchas otras especies), y forman parte de las duras leyes de la naturaleza que hay que aprender a contemplar en la distancia, aunque es inevitable sentirse conmocionado por escenas así.

 

© Miguel Benedicto

 

El celo del grizzly

 

Unos días después tuvimos ocasión de contemplar una escena mucho más alegre, en el Parque Nacional de Grand Teton, un entorno que vive a la sombra de Yellowstone, pero que brilla con luz propia, con un paisaje gobernado por impresionantes montañas, y toda la fauna también presente en Yellowstone.

 

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Un gran macho grizzly se acercó cauteloso a una solitaria hembra. Su porte era realmente majestuoso. Posteriormente supimos que se trataba de Bruno, el macho más grande del parque, y la hembra era la mítica 399, una osa famosa por su capacidad de sacar adelante a sus oseznos año tras año (más de 20 en los últimos años).

 

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La hembra no parecía aceptarlo, y se sucedían escenas de acercamiento y rechazo, que pude encuadrar a duras penas al tener el tele montado en cámara.

© Miguel Benedicto

El macho era paciente, leyendo perfectamente ese rechazo, pero perseverando con determinación, tal vez en la esperanza de que la insistencia tuviera premio. La hembra no quería, pero tampoco se iba…

 

Y cada pocos minutos, macho y hembra se entregaban a carreras por la pradera, que parece que no eran más que juegos propios del cortejo. Complicado meter a ambos en el encuadre (tan cerca estaban) salvo en una de las tomas en que corrían en paralelo. Se puede apreciar la gran diferencia entre la corpulencia de macho y hembra.

© Miguel Benedicto

Finalmente, y como si fuera fruto de un acuerdo tácito, la hembra toleró el acercamiento del macho. Todo parecía apuntar a un desenlace más que interesante, y cuando los dedos se tensaban sobre el disparador de la cámara y nuestro corazón se ponía a cien, la pareja se adentró en el bosque en busca de intimidad. Nos quedamos sin la imagen de la cópula, pero, aun así, la sonrisa se instaló en nuestros rostros durante el resto de la tarde.

© Miguel Benedicto

 

Para saber más

 

Si quieres saber más sobre Yellowstone, te recomiendo este artículo de la revista digital El Ecoturista: 7 cosas imprescindibles para ver en Yellowstone

 

Artículo e imágenes realizados por
Miguel Benedicto

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