Massai Mara/Serengueti: «La Gran Migración» 

Estamos en verano y os traigo el relato de un viaje que vais a disfrutar…

Hola, estimad@s lector@s, vamos, estamos en verano y os traigo el relato de un viaje que vais a disfrutar. En este relato seguiremos con la maravilla de la gran, y pequeña, fauna africana y esos grandiosos y espectaculares momentos que nos brinda.

De Luis Alcaraz – *Para ver las fotos más grandes, haga clic.*

Ñus bajando el camino estrecho
Ñus bajando el camino estrecho

La vida en las grandes sabanas africanas está marcada por los períodos de sequía y lluvia que se producen a lo largo del año. Si nos situamos a ambos lados de la línea del Ecuador (pasa por allí, claro), pues cuando hay sequía y pastos agostados al norte, la lluvia y los pastos verdes y jugosos se sitúan al sur y viceversa, y así año tras año.

Esta circunstancia hace que los grandes herbívoros que dependen de este tipo de alimentación tengan que hacer dos veces al año una migración siguiendo este ciclo. Es lo que se ha llamado, “La Gran Migración.”

Quizás no es la que implica a mayor número de ejemplares (la que realizan los caribúes en las praderas norteamericanas es más numerosa), pero la conjunción de millones de cebras y, sobre todo, ñus, el seguimiento de las manadas por familias de leones para cazar y alimentarse y el paso del río Mara (junto con sus afluentes Talek y Sand) de estas multitudes con los cocodrilos esperando para hacer una buena comida, hacen que este sea uno de los espectáculos más fascinantes de observar.

 

Dentro de las gracias que se dan en la naturaleza, a alguien se le ocurrió que este deambular por la sabana en busca de buenos pastos implicase cruzar ríos infestados de animales muy cariñosos y amables, como son los cocodrilos del Nilo, que esperan ansiosamente estos dos momentos anuales para alimentarse y pasar el resto del año sesteando y soleándose en las orillas.

Vamos juntándonos, que tenemos que ir migrando
Vamos juntándonos, que tenemos que ir migrando
Ñus y cebras bebiendo juntos
Ñus y cebras bebiendo juntos

La gran migración, cebras y ñus

Los grandes rebaños de la sabana africana están formados por cebras (principalmente comunes, Equus quagga) o punta milia, que se dice en suajili y, sobre todo, ñus comunes o azul o de cola negra (Connochaetes taurinus), nyumbu en suajili. Estos últimos son millones y se van agrupando en grandes rebaños que avanzan por la sabana.

Lo de hacer una migración no consiste en ¡Oye, que migramos! Y se ponen en marcha hasta que llegan al sitio que buscan. Los animales, distribuidos en grandes manadas, se van poniendo en marcha buscando mejores pastos y cuando llegan se paran, comen, se van agrupando más, hasta que deciden que ya no les gusta esa comida y se ponen en marcha otra vez.

Cuando llegan a algún accidente geográfico, se paran y parece que se piensan mucho el acercarse a los ríos (deben ya saber lo que les espera en las aguas); se quedan al borde de los cantiles, amontonándose cada vez más con los ejemplares que vienen detrás, hasta que uno de ellos se decide a dar el primer paso y allí van todos detrás.

Este paso no es continuo y decidido, pues si alguno ve algo raro no tarda en darse la vuelta y los demás le siguen, bien recorriendo arriba y abajo el río o, incluso, volviendo al punto de partida en la parte superior del cantil. Y allí están los turistas y fotógrafos para disfrutar de este grandioso espectáculo y los rangers para regular la situación de los vehículos; no todo el mundo respeta las zonas de paso de los animalitos.

¡Eeeeh! Que he encontrado un camino para bajar
¡Eeeeh! Que he encontrado un camino para bajar

La mayor mortandad no se produce por los cocodrilos, sino que es por aplastamiento y asfixia. Son tan numerosos, cambian tanto de dirección, se asustan cuando aparece un cocodrilo en el agua (o un simple tronco flotando en el río, que su vista no es muy buena), aunque no haga presa, que se amontonan para pasar por las estrecheces del camino o subir los taludes y si tienen que pisar a algún otro o pasar por encima de él, pues lo hacen. Con tanta actividad, también es frecuente ver ejemplares con alguna pata rota, que ya son presa mucho más fácil para sus amigos los depredadores.

Las cebras (Equus quagga)

Familia de cebras (Equus quagga)
Familia de cebras
"Punky" cebras (Equus quagga) asomándose por la hierba alta
"Punky" cebras, asomándose por la hierba alta

A esta actividad hay que sumar la de depredadores terrestres, como hienas y leones, que van siguiendo a las manadas, pues con tanta aglomeración de presas y con la presencia de presas perjudicadas, pues es más fácil de lo habitual darse una buena comilona.

Te puedes pasar horas y horas viendo las evoluciones de las manadas y de todo lo que pasa a su alrededor y mientras tanto, pues también disfrutas del resto de fauna que abunda en las orillas de los ríos.

Los ñus

¡Qué sed! ¿Seguro que no hay uno de esos con dientes por aquí?
¡Qué sed! ¿Seguro que no hay uno de esos con dientes por aquí?
Ñus y cebras bebiendo juntos
Ñus y cebras bebiendo juntos
Ñus cruzando el río
Ñus cruzando el río
Vamos mejor por aquí, que hay menos gente
Vamos mejor por aquí, que hay menos gente

Los cocodrilos

Los cocodrilos son de los animales más antiguos que existen en la actualidad; de hecho, está comprobado que ya existían en la época de los dinosaurios. Su morfología es de las más exitosas y ha sufrido muy pocas modificaciones a lo largo de su longeva existencia.

La familia Crocodylidae (crocodílidos) está formada por 14 especies distribuidas por las zonas tropicales de Asia, África, Oceanía y América, y engloba a los propios cocodrilos, pero también a caimanes, gaviales y aligátores. Suelen vivir en las aguas dulces de los ríos, aunque hay un par de especies que desarrollan su actividad en aguas marinas, siendo además los de mayor tamaño.

En algunas ocasiones pueden llegar a medir más de 7 metros (el mayor medido tenía 8,5 metros y pesaba 1.700 kilos), aunque en el caso que nos ocupa, cocodrilo del Nilo (Crocodylus niloticus), no sobrepasan los 6 metros y los 750 kilos. Es un alivio por si alguna vez se te ocurre bañarte con ellos.

Cocodrilo del Nilo
Cocodrilo del Nilo
A ver quién es el guapo que se acerca a contarle los diente
A ver quién es el guapo que se acerca a contarle los diente

Como tienen unas patitas delanteras que son como de juguete, no pueden sujetar a sus presas para comer, por lo que siguen la siguiente estrategia. Después de hacer buena presa en alguna parte de su víctima, la llevan hacia el fondo para ahogarla; una vez que ya no se mueve, se dedican a morder y girar sobre sí mismos para arrancar un pedazo y así poder tragarlo.

A esta actividad se suelen unir los vecinos (no hay que desaprovechar el trabajo de tu amiguito) y ahí se dedican a despedazar y a tragar a la víctima que, por suerte, ya llevaba un rato sin enterarse de nada.

Cuando acaban con la comida del día, suelen llevar los restos de las presas al fondo del río y allí se quedan como si fuera un bosque muy elegante de trozos de animalitos en descomposición; por suerte, las aguas son muy turbias y no se puede apreciar la belleza de este paisaje subacuático, pues si no más de algún turista saldría de allí directamente al psiquiatra.

Cocodrilo del Nilo con la barriga llena
Cocodrilo del Nilo con la barriga llena
Prueba de perspicacia: ¿cuál es el cocotrilo adulto?
Prueba de perspicacia: ¿cuál es el cocotrilo adulto?

Los hipopótamos

La otra familia típica de los ríos y charcas africanos son los hipopótamos. Esta familia está compuesta por solo dos especies, el hipopótamo enano (Hexoptotodon liberiensis) y el común (Hippopotamus amphibius). El primero solo se puede ver en algunas zonas del oeste del continente (como su nombre indica) y el que está muy extendido y el que se observa siempre es el común. Ah, y solo existen en África. Su nombre en swahili es Kiwoko.

Su estructura básicamente es como un barril con unas patitas pequeñas para su tamaño, con una cabeza enorme, unas orejas que son capaces de hacer girar sobre sí mismas y son animales semiacuáticos, pues pasan casi todo el día sumergidos en el río o en las charcas, rumiando la hierba de la que se alimenta y que ha recogido en sus salidas nocturnas a las praderas cercanas.

Hippopotamus amphibius
Hippopotamus amphibius

A pesar de su aspecto rechoncho y corpulento, que podría hacer pensar al turista despistado que es un animal lento, pues nada más lejos de la realidad, pueden llegar a correr a 30/40 km/hora, así que podrían alcanzar perfectamente a cualquier despistado o despistada. De hecho, son, junto con el búfalo, los animales que más muertes causan en el continente africano, así que, cuando haya hipopótamos cerca, bromas las justas.

Hippopotamus amphibius mirándome fijamente
Hippopotamus amphibius mirándome fijamente
Hippopotamus-amphibius-se-da-la-vuelta
¡Uuuufff, menos mál, se ha dado la vuelta

Uno de los grandes problemas que presentan, es que son animales muy territoriales y cuando están descansando tan a gusto en el fondo (son capaces de cerrar sus orificios nasales y permanecer largo rato descansando en el fondo del río), si pasa alguna canoa de algún despistado, la pueden confundir con un rival y atacan, provocando su hundimiento o, incluso, partiéndola por la mitad. Vamos, que hay que llevar cuidado con ellos.

En el viaje al Delta del Okavango (ya lo conté en su momento), hicimos una excursión en mokoro (canoa de madera manejada como si fueran góndolas por un botswano bien delgadito y con dos turistas con todo su equipamiento tumbados en su interior). Nos encontramos con una familia de hipopótamos y el macho dominante no estaba muy contento, haciendo una demostración de su poderío, saliendo del agua, bramando y amenazándonos con su boca abierta.

El mokorero estaba tan tranquilo y nos decía que no había peligro, pues no había suficiente fondo para que viniese buceando para atacar al mokoro. Pero, desde luego, si llega a darle por venir corriendo a por nosotros, no creo que el mokorero fuera más rápido que él. Cosas del directo y de los viajes, que, si no, pierden toda la emoción.

Cuenta una leyenda africana que los hipopótamos, al igual que el resto de grandes mamíferos, fueron enviados por el creador a las amplias sabanas africanas; pero los hipopótamos sufrían mucho por la incidencia de los rayos solares sobre su delgada piel, por la acción de los mosquitos y el calor insoportable que tenían que soportar. Por eso, le pidieron al dios de los animales que les permitiera trasladarse a vivir en los ríos y charcas de agua, para así no sufrir tanto.

Al ver su gran tamaño, el creador les dijo que no era posible, pues con su gran apetito acabarían con todos los peces y el resto de los animales no tendrían nada para comer; ante esta disyuntiva, el hipopótamo le aseguró que nunca comería peces, solo hierba

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No las tenía todas consigo el creador y, para poder demostrarlo, les pidió a los hipopótamos que cada vez que hicieran sus necesidades, tendrían que hacer girar su cola para esparcir los restos y así poder comprobar que en las heces no había ni una raspa de pescado. Con esto se pudieron trasladar a los ríos y dejar de sufrir la acción de los rayos solares en su delicada piel. Así, que cuando veáis a los hipopótamos girar su cola al defecar, ya sabéis por qué lo hacen.

En los últimos tiempos, la situación del caudal de los ríos y de las charcas donde se refrescan los hipopótamos está deteriorándose mucho y acaban por desaparecer, condenando a estos magníficos animales a una muerte lenta en lodazales que no son suficientes para refrescar a toda la manada, a tener que desplazarse grandes distancias para poder buscar charcas mejores o morir por deshidratación. Otra de las consecuencias del tan nombrado cambio climático, que muchos ignorantes o malintencionados se niegan a admitir.

Bueno, pues aquí dejo este relato, para continuar en unos días con otras aventuras africanas, que ya nos acercamos al final del periplo por las sabanas africanas y su increíble y magnífica.

Eland (Tragelaphus derbyanus), el antílope de mayor tamaño.
Eland (Tragelaphus derbyanus), el antílope de mayor tamaño.
Serengueti de África
Serengueti de África
Serengueti por la tarde
Serengueti por la tarde

Todas las fotos y el relato son © de Luis Alcaraz

 

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